Hoy vamos a compartir una interesante nota del diario Perfil, sobre  economías colaborativas.

Mientras el capital y el poder están distribuidos en las nuevas "economías colaborativas", muchas grandes empresas basan su éxito no en los bienes o servicios que producen sino en los datos que conectan. 

Así lo expresó Neal Gorenflo (un emprendedor tecnológico experto en intercambio, lider del proyecto "shareable") en el marco del encuentro "Comunes Buenos Aires"

Es sencillo entender esta idea así: “La compañía de taxis más grande del mundo, Uber, no posee vehículos; el dueño del medio más popular del mundo, Facebook, no produce contenidos; el minorista más valioso, AliBaba, no tiene inventario, y el proveedor de alojamiento más grande del mundo, Airbnb no tiene inmuebles”.

Empresas y plataformas propietarias no son "economía colaborativa"

Todas esas empresas disrumpen las industrias tradicionales, pero eso no las hace “colaborativas” porque  imponen las reglas de los negocios llevados a cabo en las plataformas que son propietarias.   Se trata de nuevos monopolios que traen una amenaza real.

Los problemas de  estas compañías son varios, desde la extrema centralización de las ganancias a la marginalidad legal en la que operan (ya que existen enormes lagunas jurídicas).  

“En la sharing economy hay empresas muy centralizadas. Uber, Airbnb y e-Bay siguen siendo los dueños y jefes de sus compañías”, dijo Carolina Ruggero, representante de la Sociedad de las Indias Electrónicas. “Esto pone en juego hasta la soberanía: imagínense si el sistema de transporte de Nueva York se manejara desde Buenos Aires”.

Alternativas de la "Sharing Economy"

Neal propone una solución para evitar esta excesiva concentración (económica y de poder) : plataformas online donde aquellos que proveen los bienes y el trabajo (los choferes de Uber, los anfitriones de Airbnb) sean a la vez los dueños y los que toman las decisiones, en una estructura cooperativa. 

Ruggero presentó la propuesta de Las Indias: sharings, un prototipo de herramienta de software libre para generar una economía colaborativa verdaderamente distribuida, gratuita y autónoma, que descanse en los servidores de cada integrante de la red. “Nunca en la historia fueron tan baratos los medios de producción”, cerró Ruggero. “Las herramientas son las que queramos que sean.”

Así se imponen: Lobby, Marketing y Prensa del escándalo

“A Uber no hace falta prohibirlo: suele ser ilegal”
—¿Por qué aconseja a las ciudades que prohíban Uber?
—Neal Gorenflo: Bueno, no hace falta prohibirlo, porque en general es ilegal. El punto con Uber es que no distribuye las ganancias; tiene la prepotencia de las empresas globales, y no aporta nada a la ciudadanía.
—¿Por qué cree que se impone como “inevitable”?
—Ese aura de inevitabilidad creada a base de capital y prensa es una falacia. Puro determinismo tecnológico. Lo determinante en Uber no es la tecnología; la tecnología es pedestre y cualquiera podría reproducirla para crear una aplicación adaptada a las necesidades locales. Los millones que Uber recauda se gastan en lo que ellos llaman “botas en el terreno”: lobby y marketing. Así es como entran a las ciudades sin respetar reglas. Cuantas más reglas rompen, más clientes y prensa consiguen, lo que les permite levantar más inversiones. Y si los taxistas hacen huelga, ¡bingo! Es emprendedorismo de shock y pavor.
—¿Cuál es la alternativa?
—Las herramientas tecnológicas ya están disponibles. Las comunidades no son todas iguales. Cada una debe diseñarse sus propias soluciones colaborativas a medida. No hay que dejar que Uber marque la cancha.

[Fuente: Perfil.com]

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